La utilización masiva de
las redes sociales para la difusión de proyectos y actividades culturales es
una realidad desde hace ya unos años. La facilidad de uso y acceso a las redes
han provocado una explosión de contenidos: ya no basta tener una web de nuestra
institución, tenemos que tener un blog, estar presentes en Twitter, en Facebook,
en MySpace o Tuenti, colgar nuestros vídeos en YouTube, fotografias en Flickr,
o compartir nuestras presentaciones en Slideshare. Quien no está en estos
medios, podríamos decir que ¡no existe!
La difusión es inmediata y permite llegar
a perfiles de consumidores hasta ahora inimaginables a través de los canales
convencionales de promoción y marketing.
Para las instituciones o empresas
culturales, siempre parcas de recursos económicos, la publicidad de sus
actividades mediante estos medios, proporciona el acceso a un público mayor con
una mínima inversión. Y además con el añadido de la interactuación directa con
el público a quien dirige su mensaje. El consumidor a quien nos dirigimos, deja
de ser un mero receptor pasivo de nuestro mensaje, ahora crea contenidos, nos
quiere, nos cuestiona, nos critica, opina sobre nuestros productos.
Mediante
las redes sociales, podemos conectar con nuestro público, hablar con él, podemos
saber su opinión al instante, y podemos modificar nuestra estrategia de comunicación gracias a
los comentarios que recibimos. Incluso crear nuevos productos a partir de estos
mismos comentarios.
Así que, no es cuestión
de pensar en estar en las redes sociales, es imprescindible entrar en ellas y
aprovechar el intercambio con el público para crecer como empresa. Ejemplos útiles a tener presentes por su cuidada presencia en la resdes son Pepsico, Coca-Cola.
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